jueves, 27 de julio de 2017

Franja

Tristán salió del estadio y tenía muy claro donde tenía que ir; mientras esquivaba la "marabunta" deportivista iba camino de la calle Rubine. Justo al pasar por la plaza de Pontevedra le daba vueltas en la cabeza lo pequeña que era su ciudad, ¿cómo es posible que no dejase de cruzarse gente conocida en esta historia?.

Efectivamente sabía donde tenía que ir ya que ese local de la calle Franja era el lugar donde había pasado toda su adolescencia, era el local donde había vivido sus años de facultad y era donde (haciendo algo que ahora sería denominado como indie extremo cuando realmente lo hacía por la falta de wifi) escribía en sus libretas compradas en masa en los "todo a cien" los datos que sacaba de sus investigaciones.

Era un local de techo bajo, de piedra, con poca luz, donde lo mejor era la tremenda carta de cervezas y la pintoresca salida hacia un callejón y las vigas vistas...al menos eso es lo que diría cualquier colaborador activo de "Trip Advisor"; en cambio para Tristán era más que eso. Como antes se dijo, era donde pasó toda su juventud, tenía buenos precios, buen ambiente y los pocos (casi nulos) amigos que tenía solían parar allí y, además y lo más importante: allí estaba Isolda.

Sí, la verdad es que era una desgracia nacer a finales de los 70 y tener padres que iban de alternativos y culturetas por la vida, en este caso hablamos de dos críos que tuvieron que aguantar la creatividad wagneriana de sus padres y desde la más tierna infancia convivieron con dos nombres que más bien recordaban al tiempo del nacimiento de los nacionalismos decimonónicos: Tristán e Isolda. Para más inri, Isolda era morena y Tristán no tenía ni pizca de aspecto irlandés...pero bueno, ya se sabe, cuando los bautismos son creativos podemos presenciar auténticas combinaciones cómicas.

En plena adolescencia Tristán e Isolda empezaron a coincidir en ese local, y el entonces bajo y taciturno Tristán y la alta y dulce Isolda no paraban de estar juntos, esos nombre los predestinaban. Llegó la universidad e Isolda se fue de la ciudad, pero siempre volvían a juntarse en ese local, ese eje, ese punto de referencia y de refugio que daba seguridad a un ahora alto, amante del misterio y del keynesianismo (sí, así es) Tristán y a una encantadora, amante de los animales y loca por la hostelería Isolda. Tanto que ciertas historias los unieron, los unieron tanto que Isolda se hizo con el local y pasó a ser quien lo dirigía, coordinaba, servía y todo lo que hiciese falta; épocas en las que Tristán tenía su maravilloso empleo en El Eco y tonteaba con el misterio en sus ratos libres.

Como ya sabemos, el misterio fue el amante que hizo que Tristán quedara estigmatizado, el que lo sumió en la depresión, en el preguntarse el por qué de su existencia, el por qué de lo que le sucedía continuamente, el por qué de todo. Esta situación fue la que aguantó Isolda, apoyándole a cada minuto, en cada frase, en cada gesto; esa ayuda continua hacía que Tristán sufriera por ella, y esa situación hizo que un día le dijera sin mirar a la cara de Isolda:

"No eres nadie"

Tras lo que Tristán se fue, e Isolda ni tan siquiera pudo reaccionar, ni llorar, ni gritar, ni nada. Simplemente se centró en su local, que pasó a ser el local de referencia cultural de la ciudad; local en el que efectivamente hubo en su día sociedades secretas y local en el que, efectivamente de nuevo, los adolescentes Tristán e Isolda habían encontrado ciertas marcas en una piedra ahora familiares y ciertos pasadizos que tendrían que revisar (ahora que ya no eran precisamente unos adolescentes) urgentemente.

En estos pensamientos estaba Tristán cuando llegó a la entrada del local; acababa de ser pintada la puerta de madera azul cobalto que constituía su entrada y la ventana desde la que se veían las primeras mesas...y las primeras vigas del piso de arriba. Sobre la puerta estaba el cartel, que tenía una tipografía que intentaba imitar runas celtas, y que mostraba en tonalidad muy clara con orgullo su nombre, un nombre que era más que evidente: Wagner.

Tristán abrió la puerta del local y se encontró de frente con la cara de Isolda y con sus grandes ojos oscuros mirándole fijamente sin pizca alguna de enfado, y tan solo pudo decirle a Isolda una frase:

"No soy nadie"


sábado, 6 de mayo de 2017

Riazor

Emoción doble era la que embargaba a Tristán, por un lado el hecho de entrar en Riazor por la puerta del palco, y por otro lado poder tener más datos de las dichosas marcas. Sobre lo primero pronto se le olvidó el hecho, ya que nada más entrar en el estadio fue a una pequeña sala que estaba en la dirección opuesta a la entrada al palco...así que de "presunto glamour postureil futbolístico" no hubo nada de nada; sobre lo segundo enseguida se percató de que Sabido quería darle una información que ansiaba compartir.

- Mira Tristán, eu non che vou dicir nada, -dijo Sabido-  a verdade é que o de que o meu predecesor contou cousas...non é mentira pero non é unha verdade. Explícome, él deixou unhas ghrabacións que atopei cando collín as cousas que che dan cando te noméan párroco do Dépor. Mira, vounas por e xa escoitas o que dicía o padre Outeiro.

La cara de Tristán parecía la de un niño de 5 años cuando va a una cabalgata de Reyes, estaba ansioso por tener información, por poca que fuese; ya estaba cansado de estar todo el día con dimes y diretes de ir a preguntar a este o a aquel, así que, cuando Sabido le dio a la tecla de reproducir de aquel viejo magnetofón setentero, sacó su móvil para grabar y empezó a escuchar lo que decía el ya fallecido padre Outeiro.

"Soy Santiago Outeiro, párroco del Real Club Deportivo, y como creo que lo que escriba acabará por desaparecer voy a hacer lo que sería un seguro, así que voy a grabar en este magnetofón, lo que sé de las marcas del Apostol de las Esclavas. Por lo que dicen los que han vivido los hechos y lo que se vio en algunos documentos que con el cambio del antiguo estadio al estadio de 1945 se perdieron, en el año 1913 se disputó un partido entre el Deportivo y el Coruña que fue el que hizo que se suspendieran esos enfrentamientos por los altercados que se producían. El día de ese partido se dijo que los altercados habían sido causados por el fútbol y la falta de civismo de los rivales...pero no era así, la causa fue otra.

En el minuto 75 de partido un hombre de unos 38 años, barbudo, bien arreglado pero con una especie de bufanda a los hombros con frases escritas en latín y un petate militar cargado interrumpió el partido saltando al campo gritando que estaba marcado, gritando para acabar "ultreia et suseia" y sacando de repente una figura del Apostol Santiago de su petate. Tras esto el hombre cayó fulminado y el caos se produjo en las gradas del estadio.

Las autoridades hicieron que la cosa se vendiese como una serie de altercados futbolísticos, se dio a un párroco local la figura del Apóstol (que es la ahora conocida como el Apóstol de las Esclavas), que tenía grabada en su base la fecha, el partido y unas extrañas marcas que coincidían con las que aparecían en el cuerpo del finado; y se decidió que los partidos entre el Deportivo y el Coruña no se repitieran.

A lo largo de mi vida he investigado estos hechos y he llegado a una serie de conclusiones. La primera de ellas es que había en la calle Franja de la ciudad una sociedad secreta que hacía ciertos ritos prerromanos asociados a las marcas. La segunda de ellas que un párroco de la iglesia de Santiago derivaba a esa sociedad a algunas gentes que venían haciendo el camino inglés.

Desgraciadamente poco más he podido averiguar, solo tengo algo de documentación que guardo en la Colegiata de Santa María, solo sé eso y lo que aquí grabo"

Y con eso acababa la grabación, en el momento que acabó Tristán se dio cuenta de que ya sabía a donde ir a seguir investigando, y justo cuando iba a agradecerlo a Sabido escucharon un grito atronador que venía de las gradas del estadio:

¡¡¡¡¡Gooooool de Álex Bergantiños!!!!!

- Manda chover na Habana -  dijo Sabido -  tanto traer fighuritas de fora e ó final o que marca un ghol é un rapaz da casa...

Tras lo cual, se pusieron a festejar el gol del Dépor.



Manuel Murguía

La cantidad de gente iba en aumento, y la calle Manuel Murguía estaba totalmente acordonada en el momento que Tristán salió de la Iglesia de las Esclavas. Mientras se dirigía a la entrada de la grada de Maratón donde estaba su peña fue pensando en lo que acababa de ver, ¿qué demonios pintaba una referencia al fútbol relacionada con la imagen del Apóstol?, ¿a dónde más le llevarían las dichosas cinco rayas cruzadas?, ¿cómo es posible que ahora no solo momias, sino también vivos, aparecen con esas rayas?; la verdad es que las cosas vistas durante las últimas horas habían hecho que volviese a emocionarse con el misterio que cambió su vida, y de paso que dejase de autocompadecerse por pasar a ser un mono de feria y no un prestigioso columnista.

En esto estaba Tristán, esquivando gente, cuando recibió una llamada en su móvil, cuando miró quien le llamaba vio que era Pedro Carballo, el director del famoso programa radiofónico "El compás aéreo", que era a día de hoy lo más de lo más de la radio de misterio española...¡y siendo un podcast!.

- Hola Pedro - contestó Tristán -  me pillas a punto de entrar en mi vicio social confesable, el Dépor, ¿qué tal estás?

Desde el otro lado de la linea Pedro Carballo, que a pesar de su galaico apellido era nacido en Treviño y tenía un brutal acento vasco, pese a afirmar que él era burgalés (lo cual era un caos  de apellidos, acentos y pertenencia), le contestó con su energía habitual.

- Tristán, majo, que me ha llamado Gerva, ya me ha contado que el tema jacobeo ha vuelto. ¡Quiero que me mantengas infirmado de todo!, ¡esto huele a programón!, En cuanto avances me llamas y empezamos a grabar pues.

La sorpresa se plasmó en la cara de Tristán mientras esquivaba a un par de "nenos" que iban cantando, vaso de litro en mano, "Cómo me voy a olvidar, el Deportivo ganó la Liga, Cómo me voy a olvidar, fue lo mejor que me pasó en la vida"; y la mezcla de ese recuerdo del 2000 y la energética llamada de Pedro convirtieron esa cara de sorpresa en una sonrisa...extraña en Tristán.

- Perfecto Pedro, ahora tengo que entrar en el campo, pero oye gracias por la llamada,ya sabes lo que me anima que te acuerdes de mi.

- De nada señor Grandal, ya sabes que cuento contigo - le dijo Pedro -, hablamos y, como decís por ahí y no sé el motivo de esa aberración lingüística, abur; coño que mis vecinos lo dicen bien ¡y es con G!. Hala ¡nos vemos! jajajaja,

Y con esta despedida tan de Pedro acabó la conversación. Tristán se reía y se dirigía a la esquina de Tribuna con Maratón, cuando una sombra oscura se abalanzó sobre él; su reacción instintiva fue intentar librarse de esa pequeña sombra de como un metro setenta y que tenía una respetable fuerza, pero justo cuando pudo ver la cara de ese ente oscuro vio la sonrisa del padre Sabido, el párroco del Dépor.

- Padre Sabido - dijo Tristán  riéndose mientras se desembarazaba de ese padre cincuentón pero sorprendentemente fuerte, con un físico más de leñador canadiense bajo que de un cura nacido en Arzúa - hoxe vin a tantos curas que creo que teréi que ir a unha misa neghra para atopa-lo equilibrio, ou iso un comeza a pagharme uns viños ó remata-lo partido. Non se me bote enrriba así que un día inda lle vou dar unhas dun lado e outras doutro.

- Mira neno -  dijo Sabido partiendose de la risa-  chamáronme Gerva e Cova para contarme as túas lerias, e coma xa viche-lo Apostolo das Escravas temos que falar -  ahí ya Sabido se puso serio-. Por iso douche dúas novas; a boa é que hoxe vas entrar pola porta do palco de autoridades do estadio, a mala é que non vera-lo Dépor, vas estar falando comigho do tema das marquiñas, que algho me contou o meu predecesor no posto.

Tras lo cual el Padre Sabido cogió por el hombro a Tristán, y mientras se reían y este último avisaba a su peña e que no iría con ellos, y se dirigieron hacia la puerta 0 del estadio de Riazor.


domingo, 26 de febrero de 2017

Las Esclavas

Le sentó bien la mítica tapa de croqueta de La Bombilla a Tristán, allí consiguió evadirse mientras tomaba un corto una vez se marchó Gervasio. Estaba metido de nuevo en un tema de misterio, ese mismo misterio que le hizo un paria y ese mismo misterio que hace que se esté sintiendo al tiempo un paria y un hombre ilusionado, realmente entender la cabeza de Tristán en muchas ocasiones es todo un reto...para el propio Tristán.

Una vez acabó el corto salió directo a la calle Torreiro y atravesó la zona de la calle Orzán, zona de sus andanzas de juergas universitarias, para llegar al paseo marítimo e ir directo hacia Riazor, concretamente a la Iglesia de las Esclavas. Le venía muy bien esa cita ya que después de ella podría ir al estadio a ver el partido del Dépor, por suerte uno de los miembros de su peña le había llamado mientras estaba con Gervasio ya que sino se perdería el partido (y por ahí Tristán no pasaba), así que esperaba que en la Iglesia de las Esclavas aquella imagen le diese una sorpresa, o al menos que no fuera una imaginación de Gervasio lo de la imagen del apóstol.

El paseo fue de unos quince minutos, se recorrió el paseo marítimo a lo largo de las playas del Orzán y de Riazor mientras ponía a todo volumen una viejas canciones de Deluxe, desde hace años asociaba esa música a esas canciones, por lo que todo era uno. El paseo ya era recorrido por gente vestida de azul y blanco, con sus bufandas y camisetas del Dépor, gente que iba decidida a hacer una buena "previa" antes de ir al partido de esta tarde, y en compañía de esa gente y de su música fue Tristán hasta la entrada de la Iglesia de la Esclavas que sorprendentemente se encontró cerrada.

Extrañado por ese cierre Tristán buscó algún tipo de acceso lateral...pero fue algo infructuoso ya que todo estaba cerrado. Esto hizo que solo quedara el viejo y milenario sistema de llamar a la puerta...sistema complicado cuando el timbre de dicha puerta no suena, por lo que solo qeudó el dudimentario golpe de nudillos mientras gritaba:

- ¿hola? ¿hay alguien ahí?

Tras lo que se escucharon unos decididos pasos que se acercaban a la puerta mientras una voz ronca y con un claro acento asturiano le contestaba:

- ¡Voy!, ¡no grites que no es lugar para ello!.

Tras lo cual Tristán vio a quien le contestaba, era una monja que a él con su metro ochenta le hacía sentirse un liliputiense; una mujer de unos 60 años alta y delgada con cara bonachona que le hacia señas de silencio al tiempo que le recordaba.

- Hijo, en la casa del señor no se grita. ¿qué querías?

Ante eso Tristán hizo un gesto de disculpa demasiado oriental para estas latitudes tan galaicas y le dijo.

- Disculpe, déjeme presentarme, me llamo Tristán Grandal y vengo porque el padre Gervasio, de la Iglesia de Santiago, me dijo que debía ver una imagen del Apóstol Santiago que tienen en la capilla; es por un....por un trabajo de investigación ¿sabe? y querría...

Tristán no pudo seguir hablando, la monja sonrió inmediatamente y le hizo pasar hacia dentro de la capilla con un cariñoso y enérgico empujón que casi lo tira al suelo mientras le decía:

- Ay guaje, ¿como no lo dijiste antes?, pasa hombre pasa. Mira, yo soy la hermana Covadonga - dijo la monja - ya me dijo antes por teléfono "Gerva" que, y te cito textualmente, "va a ir un neno por ahí que es amigo mio a ver la figura del apóstol". Por favor, pasa y mira lo que quieras. Gerva se sorprendió por lo que hacían los vándalos del deporte ya a principios del siglo XX, la verdad es que nunca había reparado en ello pero ¡ya les vale a los de esa época! qué poco respetuosos.

- ¿A qué se refiere?- preguntó Tristán - ¿qué vandalismo dice?.

- Ay hijo, pues a lo que por 1913 llamaban "foot-ball"; que me parece muy bien que se aficionen por el deporte pero marcar imágenes del apóstol es demasiado. Mira la base de la imagen, mira, ¿te parece normal? - decía la hermana Covadonga mientras llegaban junto a la imagen del apóstol al tiempo que señalaba la base de dicha imagen -  luego hablan de los de ahora, pero entonces eran iguales, ¡o peores!.

Tristán observó la base y lo que vio fueron dos cosas que aparentemente no tenían nada que ver, por un lado una inscripción que decía "1913 match de foot-ball del Real Club Deportivo" y justo a su lado...las cinco rayas cruzadas, y parecía que las dos inscripciones se habían hecho al mismo tiempo. Al ver esto Tristán miró a la hermana Covadonga y, simulando tranquilidad, le dijo:

- ¿Le importa que vuelva tras el partido de fútbol?






martes, 14 de febrero de 2017

Iglesia de Santiago

Allí estaban, frente a frente de nuevo Tristán y Gervasio. Tristán no contaba en volver a estar con el viejo párroco de la iglesia de Santiago, en su entrada en ese submundo de lo oculto había conocido a aquel anciano de unos ochenta años pero que tenía la vivacidad, la energía y la ilusión de un crío de quince.

Había hablado con él para documentarse en temas de la Santa Compaña, de apariciones en el cielo de diversas luces y, sobre todo, de temas presuntamente jacobeos. En esto hacía especial hincapié Tristán, presuntamente, ya que era curioso que esas referencias jacobeas no llevasen nunca a Compostela y en cambio sí a Coruña, que nunca se caracterizó por tener buenas relaciones con lo eclesiástico. La aparición en la zona del golfo Ártabro de esas marcas, de esas piedras, de esas señales, eran algo que apasionaba a Gervasio y que le convertían en un crío; y mientras estaba frente a Tristán no dejaba de juguetear con una pequeña cruz de Santiago que usaba a modo de amuleto, tras reparar en que Tristán miraba a su especial amuleto no le quedó otra que romper el hielo.

- Sí, como bien sabes es una cruz y una espada - dijo Gervasio- y pocos lo saben pero podría herir por cuatro sitios: el filo y las tres puntas de su supuesta empuñadura. Párate a pensarlo - dijo ya entusiasmado Gervasio- , son cuatro zonas de herida y las señales son siempre cinco, está claro que solo algo ya marcado puede verse marcado de nuevo por la cruz jacobea.

Tristán lo escuchó y revivió, mil veces había repetido que la cruz-espada estaba relacionada, pero no le había hecho caso. La cuestión es que ahora ya había aparecido en la ecuación la cruz, y esto entusiasmaba a Gervasio, que veía que su teoría era correcta...o que al menos podía encajar en las dichosas marcas.

- Tenemos las marcas en las piedras, en las momias y ahora en el cuello de la chica; y, además, ahora tenemos una cruz de Santiago, mi teoría era cierta - dijo Gervasio con quizá demasiada contundencia y demasiado optimismo.

Mientras lo decía volvía a entrar en los miles de ficheros jpeg que guardaba en su tableta, todos eran imágenes de las rayas cruzadas que se habían encontrado la otra vez...y ahora les había que sumar las nuevas. Era más información a incluir a la que ya ocupaba unos cuantos discos duros y toda una estantería con libros centenarios; Gervasio era un investigador concienzudo, y desde que vio en sus años de seminario un libro llamado "Las cinco marcas jacobeas" no dejó de investigar sobre ello, y en Tristán había encontrado un aliado.

- Te voy a dar una novedad que descubrí el otro día sobre esto; ve a la Iglesia de las Esclavas, allí guardan una imagen muy rara de apóstol que te sorprenderá, es curioso, fui desde pequeño a aquella zona muchas veces pero hasta ayer no reparé en ella - le dijo Gervasio.

Tristán iba a contestar a Gervasio cuando empezó a sonarle el móvil...lo cual no dejó de ser inoportuno ya que escuchar Nothing else matters en una sacristía no es muy habitual, y al coger el teléfono vio que era su amigo Alfonso que simplemente le dijo:

- Neno, ¿vienes mañana al fútbol o qué?.

Tristán contestó afirmativamente a Alfonso y pensó para si mismo: "perfecto, antes paso por las Esclavas, ¡a ver que encuentro en lo que me dice Gervasio".

Tras colgar le dijo a Gervasio:

- Venga, vámonos a La Bombilla, me apetece un corto y una tapa de croqueta.



domingo, 5 de febrero de 2017

Ciudad Vieja

No era sencillo últimamente entrar en la Ciudad Vieja coruñesa; decisiones de múltiples administraciones locales y guerras políticas de distintas administraciones hicieron que ni la peatonalización de la Marina ni el uso de túneles fuese sencillo, nuevamente la cabezonería de muchos afectaba a unos pocos, muy hispánico todo. Así, tras un hermoso recorrido de avenidas y túneles, Tristán aparcó al lado de la Torre de Control Marítimo en el dique de abrigo y se dirigió rápido al encuentro del Padre Gervasio.

Mientras iba en camino pasó al lado de los jardines de San Carlos, donde recordó con alegría las risas que había compartido viendo la premiada frondosidad de sus jardines, e igualmente recordó una de sus primeras apariciones en los medios de misterio nacionales.

Hace unos cuatro años un joven estudiante del colegio Dominicos, situado al lado del jardín de San Carlos, defendía que un súcubo le atacaba cada noche, y que le perseguía cada mañana apareciendose en la calle de Santo Domingo haciéndole imposible la vida. Aparecieron múltiples expertos comentando el hecho; defendiendo que en las instalaciones militares situadas junto al colegio habían ajusticiado a un grupo de presuntas meigas hacía siglos y que no eran súcubos, sino los espíritus de estas meigas los que atacaban al joven estudiante por la noche para "robarle su semilla" y que eran, igualmente, esos espíritus los que le perseguían en su camino a la escuela; defendían que era un claro caso e incluso llegó a protagonizar este chico programas especiales en las radios y televisiones del, ahora odiado por Tristán, "Grupo Eco".

Esos hechos en el "Grupo Eco" hicieron que Tristán empezase a interesarse por el suceso, por ver si el chaval decía algo real o era simplemente una creación de su vivísima imaginación adolescente; y ello hizo que se reuniera con el. Reunión, todo sea dicho, que fue decepcionante para Tristán, reunión que hizo que entrara en ese mundo por la puerta grande, y reunión que hizo que algunos del grupo Eco lo empezaran a tener "cruzado". Lo curioso es que la maldita reunión duró 10 minutos, 5 de ellos hablando con la madre del chaval...y otros 5 para confirmar que el chico en cuestión era un gran consumidor y distribuidor de marihuana.... La explicación al ataque del súcubo era facilmente explicable, valga la redundancia; brutales fumadas nocturnas...y brutales fumadas diurnas que hacían que confundiese a una "clienta" de aspecto gótico con el "súcubo acosador". Deprimente explicación, pero le sirvió para entrar en el mundo que le ha marcado.

En estos pensamientos sobre el "Súcubo de la Ciudad Vieja" estaba Tristán cuando llegó al cruce del Paseo del Parrote con la calle del Parrote, desde donde siguió esa calle hasta llegar a la entrada de la Iglesia de Santa María y Santiago, donde era el "mandamás" el Padre Gervasio. Tristán entró y caminó por su piso de madera camino a la sacristía, y cuando iba a dar unos golpes en la puerta de la misma escuchó:


- Pasa Tristán, a mi también me han llamado para hablar de las marcas de Breamo -  dijo el Padre Gervasio-.


Tristán estaba de suerte, Gervasio ya estaba al tanto, sería más fácil poner cosas en común para volver a empezar con las piedras, las marcas y la relación jacobea de todo.




sábado, 28 de enero de 2017

AP9

Tras dejar a Xiao y a Antía, Tristán condujo hasta Pontedeume, y allí se metió en el ya histórico Brasilia; la cafetería en la que las últimas generaciones de eumeses (y de visitantes) habían parado día tras día, y fin de semana tras fin de semana. Allí, en uno de sus ya viejos sillones, se paró a pensar en el significado de esa reaparición de las marcas mientras jugaba con la cucharilla de su café; no tenía sentido que,tras un año de tranquilidad mediática y de melancolía propia, apareciesen de nuevo, pareciendo nuevamente algo real.

En estos pensamientos estuvo inmerso hasta salir de la cafetería y subirse al coche para coger el enlace de la AP9 que le llevaría a Coruña. Por el camino intentó ordenar sus pensamientos, recordó como en Suevos, en plena carretera, habían aparecido dos cadáveres momificados con las marcas que ahora tenía Antía; marcas que, casualmente, coincidían con las marcas de Punta Langosteira. Esos cadáveres iban vestidos con un hábito que llevaba escrito "ultreia et suseia"...y las marcas que hoy había visto en la piedra de Breamo llevaban como "compañía" una cruz de Santiago, por lo que la relación aparecía de nuevo.

Estaba claro que tendría que volver a hablar con en Padre Gervasio, el párroco de la Iglesia de Santiago en Coruña, un hombre demasiado cabezota para callar lo que le pasaba por la cabeza; demasiado independiente para escuchar las órdenes de silencio sepulcral que le llegaban desde el obispado compostelano y, sorprendentemente, demasiado "científico" para ser un cura. Así que Tristán lo tenía claro, lo primero que haría al llegar a su ciudad sería ir a la Ciudad Vieja, si el túnel de la Marina no estaba atascado por algún camión como ya era tradicional,y visitar a Gervasio para informarle de su hallazgo.

Era curioso, se sentía vivo al estar en estas lides, la sensación de melancolía que sentía al ser señalado por la calle como "friki oficial el reino" no había vuelto a el mientras estaba de visita por el hallazgo de Breamo, Simplemente era un aficionado a la historia y a los hechos raros que quería respuestas, no era un "encontrador de aliens" ni nada parecido; e iba dispuesto a descubrir qué demonios pasaba con las marcas de las cinco rayas cruzadas. Esas marcas que implicaron su salida de todo el "Grupo Eco", esas marcas que hicieron que los medios lo convirtieran en un paria, esas marcas que hicieron que (decían algunos rumores) determinadas esferas ordenaran ambas cosas...esas marcas que lo aislaron de todo parecía que eran las mismas que le daban vida. Estos pensamientos hicieron que en su boca se dibujase una sonrisa, tras lo cual pensó para sus adentros "estoy volviendo", y eso mismo comunicó mientras cometía una imprudencia conduciendo, cogió su móvil y escribió en un whatsapp:

" Estoy volviendo"

Lo envió y siguió su recorrido por la AP9, una nueva charla con Gervasio le esperaba, y esta vez Gerva no contaba con el.